James A. Robinson es uno de los politólogos y economistas más influyentes de su generación. Su trabajo, a menudo junto a Daron Acemoglu, es una referencia para entender la gran pregunta del desarrollo: ¿por qué algunos países son ricos y otros pobres? Con una trayectoria académica que pasa por Harvard y Chicago, Robinson se aleja de las explicaciones simplistas para bucear en las raíces históricas y políticas de la prosperidad.
La tesis central de Robinson es directa: ni la geografía ni la cultura explican la desigualdad global. La clave está en las instituciones. Sostiene que las sociedades con reglas de juego económicas y políticas inclusivas, que reparten el poder y los incentivos, prosperan. Aquellas dominadas por élites con instituciones extractivas, diseñadas para enriquecer a unos pocos a costa de la mayoría, se estancan. Su método no es la modelización abstracta, sino el análisis comparativo de la historia, examinando momentos críticos que marcaron destinos divergentes.
Leer a Robinson hoy es entender las tensiones que definen nuestro mundo. Sus análisis ofrecen un marco para interpretar desde el auge de populismos hasta la fragilidad de las democracias. No ofrece recetas mágicas, sino una lente poderosa para diagnosticar la salud de una sociedad.